El consumo de esta tradición gastronómica puede hacer que la profesión se mantenga existiendo para generaciones futuras.

EL CARRITO DE LOS CAMOTES ES UNA DELICIA CALLEJERA EN PELIGRO DE EXTINCIÓN

Consumir plátanos y camotes dulces es un placer para muchos que disfrutan pocos.

Todos los chilangos reconocemos el sonido característico de los camotes. El llamado de la selva para comprar camotes, pero también plátanos dulces con un poco de lechera, mermelada, miel, jarabe de piloncillo, chocolate y chispas de chocolate. Un postre tradicional y muchos años antes de rappi que forma parte de nuestra gastronomía mexicana. Aunque les decimos y los conocemos como camoteros, muchos también venden nopal horneado en el mismo vehículo que empujan.

Los camoteros que se venden en la CDMX son, casi siempre, camotes de piel púrpura y pulpa blanca, aunque también hay camotes amarillos y blancos. En otros lugares se les dice plataneros pues no en todo el país acostumbran vender camotes. En el carrito tan característico, los frutos se mantienen calientes y listos para ser consumidos.

En el carrito el producto se cuece entre treinta y sesenta minutos según la temperatura de la caldera. La temperatura puede variar según la velocidad con que es empujado el carrito, ya que este horno funciona por leña introducida a su parte baja por una ventana frontal que, al entrar el vehículo en movimiento, permite la alimentación de oxígeno.

Para lograr la cocción y el mantenimiento de la temperatura cada uno de los cajones del carrito es necesario que esté cubierto por una cama de cáscaras de plátano que sirve para mantener húmedo el producto y evitar que tanto plátanos como camotes se peguen al metal;nada se desperdicia en este tipo de comercio artesanal.

El carrito está fabricado de acero y de llantas de goma para la tracción humana, cuyo peso puede llegar hasta los 300 kilogramos. Tiene una forma cilíndrica y o un tambor posicionado en forma horizontal; al extremo de éste se encuentra el manubrio, además, tiene un sistema de escape vertical de vapor que funciona como chimenea y que lanza ese sonido tan característico.

Según se dice, solo una persona en la CDMX se dedica a construir estos ingenios carritos en Iztapalapa. El costo puede alcanzar hasta los $15,000 pesos, razón por la que muchos camoteros los arriendan a flotilleros poseedores de varios carritos y depósitos o encierros para guardarlos y los productos van por cuenta de los camoteros.

Por supuesto, hay carritos con un costo menor y hay muchas personas que los fabrican con ayuda de abuelos, tíos y otras herencias familiares de oficio. Hay que doblar láminas y ser precisos en la confección para que no falle. Aunque antes se encontraba carritos de 200, 100 litros de agua, para cargar hasta 120 piezas de producto, hoy solo se ven los de 50 y 20 litros de agua que cargan hasta 30 piezas.

El silbido intenso del carro es ya de por sí una delicia que sube de intensidad y recorre las calles y avenidas de la Ciudad. Es un oficio que lucha por no extinguirse, pero la chimenea que libera humo es un sonido que todos recordamos. Por mala fortuna y muchas otras circunstancias este producto se vende cada vez menos, pero todavía es posible ver a algunos camoteros en el centro de histórico por la zona de Bellas Artes.

Es seguro que este negocio requiere de mucha entereza, confianza y luego de mucha paciencia y fuerza. Hay que comenzar a surtir el producto, lavarlo, cortarlo y preparar la leña y el carro. Luego hay que salir a las calles y caminar solo por las calles durante varias horas hasta terminar el producto y regresar a casa.

Un oficio que se resiste a extinguirse, así que recuerda comprar este dulce exquisito cada vez que lo veas. Así ayudarás a mantener en pie esta dulce profesión.

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